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El mal existe sí, pero ¿por qué?

La falta de empatía, es decir de la  ausencia de emociones ante hechos dañinos para las personas de nuestro entorno. Los psicópatas carecen de empatía y por lo tanto, sienten indiferencia ante el sufrimiento ajeno. Una persona normal, ante un atropello se asustaría y se identificaría con el dolor de la víctima como algo propio, intentaría socorrerla, ayudarla o llamar a los servicios de emergencia, un psicópata no. El psicópata nace, no se hace. Se calcula que el 15 % de la población presenta características de psicopatía, pero suelen pasar desapercibidos porque al contrario de lo que muchos puedan pensar, la mayoría no son asesinos y saben distinguir entre el bien y el mal por aprendizaje, es decir, que aunque sientan el dolor ajeno, pueden ayudar a alguien porque es lo que se espera de ellos. Además, en la sociedad actual suelen ocupar puestos en los que precisamente se valora la falta de empatía: jefes de recursos humanos, militares etc. Paradójicamente, algunos de estos psicópatas pueden llegar a convertirse en personas admiradas, por su éxito profesional, ya que no tienen reparos en hacer lo que sea para alcanzar sus objetivos, o como héroes por el número de bajas que causan entre el ejército enemigo (aunque suela incluir civiles entre las víctimas).

Pero los verdaderos héroes también existen, es decir, personas que arriesgan su vida para salvar la de otros. Muchos han sido famosos, pero la mayoría son anónimos, exactamente igual que sus antagonistas: los psicópatas. No todos seríamos capaces de lanzarnos al mar en una tempestad para salvar a alguien, ni de rescatar a un niño que se encuentre en medio de tiroteo, por poner dos ejemplos, aunque os podéis imaginar muchos más.

Y entonces, qué es lo que hace que unas personas sean psicópatas y otros héroes. La neurociencia aporta una información crucial en el estudio de las diferencias cerebrales entre unos y otros. La corteza cerebral orbitofrontal relacionada con el procesamiento cognitivo de toma de decisiones, tiene una actividad inusualmente baja o nula en los psicópatas cuando se les muestran imágenes de catástrofes, personas asesinadas etc, mientras que en los héroes, esta parte del cerebro muestra una actividad más elevada de lo normal. Lo mismo sucede con la amígdala, mucho más activa en situaciones que generan emociones de mayor tamaño en los héroes que en los psicópatas. Esta estructura subcortical está implicada en el procesamiento y la respuesta a las emociones.

No obstante, a lo largo de la historia, hemos visto personas perfectamente normales que, en determinadas situaciones pueden comportase como monstruos. Los militares y civiles alemanes que antes y durante la  segunda guerra mundial discriminaron, primero y luego aceptaron como normal la aniquilación de millones de judíos y personas contrarias al nacionalsocialismo.  ¿Por qué el gobierno hegemónico de los hutus, provocó la masacre del 75% de los tutsis de Ruanda en la que participaron milicias y civiles? Y también recientemente en Europa la aniquilación de cientos de miles de kosovares por parte de los serbios. En todos los casos, la mayoría de las víctimas habían convivido tranquilamente con sus vecinos hasta que el continuo bombardeo psicológico con discursos de odio, el fomento de la creencia en la superioridad de unos frente a otros, responsabilizar al diferente  de todos los males, llegan a calar hasta tal punto en la población que, ven a los otros como enemigos, e incluso como “no personas”, lo que hace más fácil que no sientan su muerte o incluso la celebren.